(Viernes, 3 de mayo)
Hoy salgo con mi compi de piso, que voy a llamar La Riquiña porque
es muy, pero que muy mona y súper maja (aclaro que tengo dos compañeras
de piso, y hasta ahora sólo había hablado de La Simpática). Vamos a una
fiesta de cumpleaños sorpresa de una chica española que organiza su novio.
Entrada en la discoteca
Justo antes de la entrada, en la zona exterior, hay tres señoritas con sus
respectivos ordenadores, encargadas de filtrar quien puede entrar y quien no.
El primer requisito consiste en figurar en una lista de invitados por lo que la Riquiña habla con las empleadas para que nos busque en la lista asociada al nombre de la cumpleañera. Nos dicen que no hay nadie con ese nombre y como no sabemos su apellido probamos con el nombre del novio, pero tampoco funciona. Después de quince minutos esperando llega otro español que también está invitado y que sí se sabe el apellido.Tampoco es suficiente ya que las señoritas dicen que no hay nadie con ese nombre y ese apellido. Como ambos llevan tiempo aquí, y se ve que conocen el percal, se les ocurre poner “María” delante del nombre completo de la chica que cumple los años y las señoritas, consiguen localizar nuestra lista, de modo que, simplemente, diciendo nuestros nombres podemos entrar, al fin.
El acceso al local se realiza mediante un pasillo con varias ventanillas tras las que se encuentran otras empleadas que nos piden nuestro número de teléfono, el DNI y la fecha de nacimiento (2º requisito para poder entrar). Acto seguido apoyamos nuestros deditos en unas máquinas que detectan la huella dactilar (3º requisito). Ya por último nos registran y nos revisan el bolso (4º requisito) y tras todos los controles, un nuevo empleado nos acompaña a la zona de la discoteca que tenemos reservada (llevo contabilizados un total de 11 trabajadores distintos utilizados, simplemente, en el acceso al garito. Esta es la estrategia de este país para que el desempleo sea casi nulo)
El primer requisito consiste en figurar en una lista de invitados por lo que la Riquiña habla con las empleadas para que nos busque en la lista asociada al nombre de la cumpleañera. Nos dicen que no hay nadie con ese nombre y como no sabemos su apellido probamos con el nombre del novio, pero tampoco funciona. Después de quince minutos esperando llega otro español que también está invitado y que sí se sabe el apellido.Tampoco es suficiente ya que las señoritas dicen que no hay nadie con ese nombre y ese apellido. Como ambos llevan tiempo aquí, y se ve que conocen el percal, se les ocurre poner “María” delante del nombre completo de la chica que cumple los años y las señoritas, consiguen localizar nuestra lista, de modo que, simplemente, diciendo nuestros nombres podemos entrar, al fin.
El acceso al local se realiza mediante un pasillo con varias ventanillas tras las que se encuentran otras empleadas que nos piden nuestro número de teléfono, el DNI y la fecha de nacimiento (2º requisito para poder entrar). Acto seguido apoyamos nuestros deditos en unas máquinas que detectan la huella dactilar (3º requisito). Ya por último nos registran y nos revisan el bolso (4º requisito) y tras todos los controles, un nuevo empleado nos acompaña a la zona de la discoteca que tenemos reservada (llevo contabilizados un total de 11 trabajadores distintos utilizados, simplemente, en el acceso al garito. Esta es la estrategia de este país para que el desempleo sea casi nulo)
Descripción de la discoteca
Se
trata de una discoteca ochentera, con bolas plateadas colgadas en el
techo, moqueta pegajosas que dificultan el baile o cualquier movimiento, y sillones en color blanco y
negro tipo cebra.
Aquí
es bastante común que la gente vaya a un único local toda la noche. En
él toman el aperitivo, la cena, las copas y se echan sus bailes. Es una
forma de economizar ya que el precio de la entradas es considerable. En
esta discoteca, como en casi todas, había una zona de mesas con sillas
con gente cenando, situadas próximas a la pista.
A
nosotros nos ubican en una especie de tarima que se encuentra elevada
un metro por encima de la pista de baile y tenemos derecho a usar un
sofá biplaza y una mesa tipo mesilla de noche. La pulserita que nos
ponen en la entrada sirve para que los empleados sepan que tenemos
acceso a la zona VIP, que es lo que acabo de describir, una zona
exactamente igual que la no VIP, pero más alta y con sofás.
La música, como no podría ser de otra forma, es de los ochenta, y la media de edad ronda los cuarenta y tantos años. El vestuario de los asistentes no desentona con el local, ya que siguen la moda de los noventa (ghuapísimos, ghuapísimos, oyes).
El espectáculo
Estamos
todos bailando y charlando, tan felices, jugando a acertar de quién es
cada canción cuando comienza a sonar Dirty Dancing. En ese momento, una
bailarina, vestida con un bañador rosa chicle y con unas patorras
considerables, se cuelga de un pañuelo también rosa chicle anclado al
techo de la discoteca (cada pierna de la pava tenía el tamaño de todo mi cuerpo).
La chica baila suspendida al ritmo de la canción, haciendo el espagar y
mil piruetas, agarrada al pañuelo, a veces sólo por las piernas, otras
sólo por los brazos; mientras, el bailarín chico está abajo, en la
pista, rodeado por los no VIPs y mirando hacia ella (un baile muy propio
brasileiro: mientras la tía se juega la vida colgada del pañuelo, el
maromo la mira desde tierra firme). La mejor ubicación para ver el
espectáculo es la pista de baile (pero ojito, nosotros somos VIPs, por
lo que, aunque, nuestra campo de visión es mucho peor, y más incómodo, podemos fardar
mogollón. Qué útil lo de ser VIP, oye!).
Ja,ja,ja!!! me parto con este post, lo he leído tres veces, me encantaría ver tu cara al no poder entrar, al entrar, al ver el espectáculo... me encanta, digo más me gustaría haber estado allí contigo, ¡¡¡qué bueno!!! Te estás superando día a día con este blog
ResponderEliminarLo más bestial fue el espectáculo, una pena no haberlo grabado. Muy fueeeerrrrrteeee!!!
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