(23 de mayo)
Esta
tarde, cuando llego a casa, La Simpática me propone ir a cenar con ella y
un chico que estudió con nosotras que está aquí de viaje de
negocios. Compañero de Facultad y ella habían sido novios durante uno o dos años cuando estábamos estudiando. Yo también lo conocía, aunque
bastante superficialmente, pero recuerdo que era un chico muy majo, agradable, que siempre
tenía una sonrisa en la cara.
Llegamos
al lugar de la cita, que es muy cerca de nuestra casa, pero él él no
está. Ella empieza a ponerse muy nerviosa y me comenta:
La simpática:
Ya hay que esforzarse para llegar tarde quedando cerca de su hotel
.Seguro que se ha perdido o le ha dado mal la dirección al taxita...
(bastante cabreada)
Yo: Pero si viene en taxi, igual pilla tráfico.
La Simpática: ¡Qué tráfico si el hotel está a cinco minutos de aquí!
Yo: Bueno... ¿Dónde vamos a ir a cenar?
La Simpática: Pues aquí enfrente, yo no estoy para moverme mucho, que se muevan los demás (con cara sonriente pero maligna)
Cuando llevamos esperando 15 minutos, el chico llama por teléfono:
La simpática:
Espera ahí, espera ahí, que ya voy yo (con voz de enfadada). Bueno, no,
ven tú, que quedamos donde te dije (más enfadada todavía).
En
menos de un minuto el chaval aparece todo sonriente y sorprendido por
verme (se ve que no le había dicho nada de que yo estaba aquí). Nos da
un abrazo y ella lo mira con cara de culo. Él le trae un regalo que dice que podemos compartir para matar saudades (tiene forma de botella).
La Simpática: Ya lo abriré al llegar a casa que ahora no me apetece (con cara muy seria).
Entramos
en el restaurante, y comenzamos a hablar de su trabajo, de las ciudades
que ha estado visitando estos días, y de lo difícil que es conseguir
contratos en Brasil (trabaja como comercial para una empresa española).
Compañero de Facultad:
Ya he venido unas cuantas veces, pero a los brasileiros les cuesta
mucho confiar, y las pocas oportunidades que surgen no las vemos claras
porque tenemos miedo a perder dinero.
La Simpática:
Pues con miedo no vais a ningún lado. Yo creo que si te envían a ti
solo es porque no tienen mucho interés en trabajar aquí. No creo
que consigáis nada, la verdad. Los que saben buscarse la vida sí
consiguen pero vosotros no sabéis
Compañero de Facultad:
Bueno, es que la empresa no está muy boyante de dinero, y aunque
conseguimos algo en otras partes de Sudamérica, necesitamos más
contratos para poder sacar beneficios e invertir en Brasil.
La Simpática:
Si la empresa no está dispuesta a invertir no le auguro un gran futuro,
se irá a pique tarde o temprano (dando ánimos al chaval, muy bien
Simpática)
Seguimos conversando, y acabamos cambiando de tema:
Compañero de Facultad: Bueno, ¿y qué tal por aquí? ¿Cómo lleváis lo de la inseguridad?
La Simpática: ¿A qué te refieres con eso? ¿Por qué preguntas por la inseguridad? (seca y borde)
Compañero de Facultad: Porque se dice que esta es una ciudad muy peligrosa y...
La Simpática:
Esta es una ciudad como otra cualquiera, si sabes moverte no tienes
por qué correr peligro. Si eres idiota y vas enseñando tu reloj de
oro y tu móvil por la calle te atracan, claro. Y si eres imbécil y
andas solo por la calle a las 12 de la noche (imbécil como yo...) pues,
lógicamente, corres riesgos y es altamente probable que te pase algo.
(Él ya no sabe cómo desviar la conversación)
Compañero de Facultad: ¿Y habéis estado en alguna favela? A mí me gustaría visitar una...
La Simpática:
¿Para qué coño te gustaría visitar una favela? ¿Qué se te pierde allí?
¿Quieres ver pobreza? Pues apúntate a una ONG y vete a África!!! ¿Qué te
crees, que visitar una favela es como ir a un zoológico?
Compañero de Facultad:
No, no, no lo decía por eso. Me gustaría visitarla para tomar
conciencia de las cosas que pasan y de la situación que viven allí dentro
(el chaval ya no sabe como salir del paso y dice lo primero que se le
ocurre)
La Simpática:
¿Tomar conciencia de qué? Son pobres, viven fatal. Ya está, no necesitas saber nada más. Si quieres colaborar, lo único que puedes hacer tú es darle
pasta a una ONG y punto porque no te imagino yéndote de aventura a ayudar...
Compañero de Facultad: ¿Simpática, te pasa algo hoy? ¿Has tenido un mal día o algo?
La Simpática: Pues no, estoy bien, he tenido un día bueno. ¿Por qué lo dices? (con tono amenazador)
Compañero de Facultad: No, por nada, porque te veo un poco tensa...
La Simpática: Pues no estoy nada tensa, no sé de dónde sacas eso (con actitud bastante tensa)
Mientras hablamos, en las pocas ocasiones que yo intervengo, ella me sonríe, y ME TRATA BIEN. Se ve que como ya tiene a otra víctima no necesita ser borde y desagradable conmigo.
Compañero de Facultad: Bueno, como veo que este tema tampoco te gusta voy a cambiar otra vez. ¿Qué tal de chicos? ¿Tenéis novio? (ooooh, noooo!!! vas a meter la pata otra vez...)
Chincheta: Sí, yo tengo novio, ahora está en España, vendrá en un mes y pico. ¿Y tú? ¿Qué tal?
Compañero de Facultad: Pues yo ahora mismo no tengo nada, estoy solo... (la miramos, y...)
La Simpática:
Yo no hablo de mi vida privada (dioooosss, como los famosos, ella es
igual, sólo quiere que la conozcan por su trabajo, no por su vida
privada)
La Simpática va al baño y nos quedamos solos Compañero de Facultad y yo.
Compañero de Facultad: ¿Qué le pasa a esta tía? ¿Es siempre así? ¡Es insoportable! ¿No sonríe nunca?
Chincheta: Bueno, es así, más o menos... Creo que no debiste preguntarle por los novios... No fue un buen tema (riéndome)
Compañero de Facultad:
Ningún tema de los que saqué fue buen tema. Y a mí no me gusta
discutir. Y cada cosa que decía, me la contradecía... y encima súper
seria, no sonrió en ningún momento...
Chincheta: Bueno, debatir tampoco es malo...
Compañero de Facultad:
Yo no digo que sea malo. Tú y yo, por ejemplo, estamos hablando o
debatiendo ahora, me estás sonriendo, y me haces sentir cómodo. Pero ella me
hablaba de modo desagradable y amenazador constantemente. ¡No sé cómo la
aguantas!
Chincheta: Bueno... (realmente no la aguanto mucho)
Nos
despedimos de él. Se dan dos besos bastante fríos y a mí me planta un súper abrazo
(téngase en cuenta que es amigo de ella, no mío). Cuando vamos caminando
hacia casa me dice:
La Simpática: Ya me imagino lo que es la botella... seguro que es crema de orujo, y odio la crema de orujo...
Chincheta: Pero puede ser cualquier cosa, igual es vino... Estaría bien que fuese vino... ¿Por qué crees que es crema?
La Simpática:
No te hagas ilusiones, no va a ser vino. Creo que es crema porque ya me
la trajo otra vez que estuvo de visita , y no va a a innovar, ¡me trajo lo mismo, fijo!
Chincheta: Quizás sea licor café, que es de tu tierra...
La Simpática: Tú crees que este tío sabe de dónde es el licor café? Es un ignorante, no tiene ni puta idea de nada...
Chincheta:
Bueno, todo el mundo en Galicia sabe de dónde es licor café... Y además, yo no
creo que sea un ignorante, pero tú lo conoces mejor que yo...
La Simpática: Créeme, es un ignorante...
Cuando
llegamos a casa, abre la botella, y La Simpática tiene razón, es crema de orujo.
Lo siento
Compañero de Facultad, metiste la pata por milésima vez: a La Simpática no le gusta la
crema de orujo. En la próxima ocasión tráenos una botella de
albariño, ¡porfa!, aunque es posible que no la vuelvas a llamar, ¿verdad?