miércoles, 15 de mayo de 2013

EN UN HOSPITAL PÚBLICO

(14 de mayo martes)



Hoy me he levantado con molestias en un ojo y está rojo como un tomate. Sufro de conjuntivitis con bastante frecuencia así que ya conozco las gotas que me tengo que echar para ponerme buena. 
 
Salgo del trabajo y me voy a una farmacia para comprarne el colirio, pero no me lo pueden vender sin receta médica porque contiene antibiótico. Pruebo en cuatro o cinco más y en todos lo sitios me dicen lo mismo, así que me doy por vencida  (con las farmacias parece ser que no funciona el xeitinho brasileiro). 
Me voy al centro de salud público más cercano. Me piden millones de datos y tengo que firmar un documento en el que me comprometo a hacer lo que el médico me pida. Cuando estoy en la sala de espera, me atiende un enfermero y me comunica que no tienen servicio de oftalmología  por lo que tendré que ir a otro hospital (por favor, por favor, hazme tú la receta aunque sea, diooooossss). 

Empiezo a plantearme dejarlo para ir el día siguiente, pero después de buscar en internet posibles hospitales, y seguir las recomendaciones de la gente, ya un poco tarde, a las 9 de la noche, cojo el metro para irme a un Pronto de Socorro.

A la salida de los tornos del metro, hay un túnel eterno donde le pregunto a un chico cómo llegar al hospital. Se trata de un complejo con varios edificios así que tendré que preguntar en alguno de ellos dónde está el servicio de oftalmología, pero es en esa misma calle.  Sigo las indicaciones y llego a una calle totalmente oscura, donde no hay ni un alma (daba mucho miedo). Menos mal que, bastante rápido,  llego al primero edificio con un cartel de PRONTO DE SOCORRO (bieeeennn) ...EM OBRAS (mierda!, ya se fastidió, aquí tampoco me van a atender). Le pregunto a la recepcionista y me comenta que la especialidad de oftalmología está a menos de cinco minutos caminando por la misma acera (ay, menos mal!). 
Entro en el ambulatorio indicado y llego a una sala de espera. Me dirijo hacia la ventanilla donde me piden de nuevo millones de datos. La habitación que alberga la sala de espera no tiene suelo, han echado sólo cemento; las columnas son de hormigón visto y las paredes no están pintadas; hay filas de butacas similares a las de los cines antiguos organizadas de forma desordenada; y está bastante sucia, con papeles tirados por todas partes.
Los pacientes que están sentados dan un poco de miedito. Me siento en una de las butacas un poco alejada de ellos y cerca del chico de seguridad, que no para de mirarme y de sonreirme (aquí son así, tienen estas cosas; ya no sé que me da más miedo si él o las otras personas, pero yo le sonrío también, no vaya a ser...). En pocos minutos se va gran parte de la gente, y nos quedamos solos el segurata, un chico que es del nordeste que también tiene conjuntivitis y yo. Mantenemos la siguiente conversación:
Chincheta: Sabe se tardará muito a doutora?
Segurata: Iso nunca se sabe (lo dicen riendo porque aqui son unos cachondos). Eu acho que muito não ha tardar, ainda que está numa cirugia. De onde é você?
Chincheta: Espanhola.
Chico del nordeste: Eu levo tres dias con conjuntivite, ja visitei tres hospitales e ainda não conseguín ser atendido. Aqui levo ja duas horas esperando...
(Dios, la que me espera).
Chincheta: Uffff, pobre, tres dias cos olhos mal!!!
Segurata, que quere dicir você cando di que não ha tardar muito? Que seremos atendidos ás tres da manhá (yo con cara de coña)
Segurata: (el segurata se parte) jajajaja, eu acho que antes. Uma espanhola engraçada, isso não é comum. Você é muito bonita. Não é, garoto?
(le pregunta al del nordeste)
Chico del nordeste: É bem bonita
(recordemos que tengo un ojo rojísimo y llorando sin parar, así que mi cara era un poema: pero aquí son así, aprovechan la mínima oportunidad para hacer la pelota)
Segurata: E por que está no brasil você, trabalha aqui?
Chincheta: Trabalho, sim.
Segurata: Há quanto tempo você está aqui? Em que trabalha?
Chincheta: Estou aqui por um mês. Eu são engenheira civil. E vocês?
Segurata: Guau, engenheira civil!!!
Chico del nordeste: Eu trabalho também na construção civil.
Chincheta: Que trabalho você tem?
Chico del nordeste: São ajundante
Segurata: Eu são cocinheiro, tambem trabalhei numa discoteca, trabalhei como administrativo (y miles de cosas más que no le entendí porque tenía un tono de voz imposible, súper agudo a la vez que afónico, una cosa muy rara, aparte del acento; menos mal que el del nordestel me traducía algunas frases a su portugués que era mucho más claro. Conclusión: el portugués de SP es más difícil que el de otros sitios. El problema es SP, no yo.). 
El Chico del Nordeste nos contó también que trabaja ayudando en obras de emergencia , que lleva  ocho meses en SP y que vive a tres horas del centro en transporte público, ya que para llegar a su casa tiene que coger metro y tres autobuses. Ha venido aquí para trabajar una temporada, volver al nordeste con dinero y  vivir del cuento unos meses. Según nos comentó, es una práctica bastante común en su tierra.
Después de cuarenta minutos de espera, salió la doctora de la operación y dijo nuestros nombres (bieeeeennnn, tuve que esperar menos incluso que en España, aunque supongo que habré tenido suerte)

Doctora: Chico del Nordeste, Chincheta, por favor, passe.

Me levanto un poco indecisa porque dice mi nombre y el del chico, y sigo a ambos. Entran en la habitación y me quedo en la puerta esperando pero ella me dice que entre también y que me siente en la silla de al lado. Presencio toda la consulta del chico del nordeste (aquí el derecho a la intimidad se lo pasan por el forro). Llega mi turno y tras examinarme estima que tengo conjuntivitis viral por lo que me da un colirio sin antibiótico (tengo ganas de llorar; y para esto tanto lío!; de dónde saca que es un virus?; es una bacteria fijo!; quiero mis gotitas con antibióticos para eso he venido hasta aquí!; así no me voy a curar, y si me curo será dentro de semanas!). Me comenta que no debo ir a trabajar en los siguientes cuatro días, me da un justificante para mi jefe (dame, dame, total, yo voy a ir igual a trabajar) y me dice que vuelva dentro de cinco días. 
Nos vamos juntos hacia el metro, el chico del nordeste y yo. Cuando salimos se empeña en que está en dirección contraria. Después de un rato caminando llegamos a al edificio que él confunde con una estación de metro pero es un shopping. Damos la vuelta, guío yo y volvemos a acceder de nuevo al túnel eterno. Entramos en la estación, pasamos los tornos y él se va, nuevamente, en dirección contraria a su destino (esta noche duerme en casa de un amigo y tiene que hacer transbordo en la parada anterior a la mía, por eso sé que se equivoca). Cuando estamos ya dentro  del metro a punto de llegar a su parada, le comento:
Chincheta: Sabe você que esta é a sua parada.
Chico del nordeste: Não sabia, não. É incrível, uma espanhola me ensina Brasil. Desculpe, eu não conhezo SP.
(no pasa nada, hombre, ya tengo práctica con los playboys, no te preocupes)
Me pregunto qué habrá sido de este mozo en los futuros transbordos que habrá tenido que hacer. 
Chico del nordeste, espero que hayas llegado bien a casa de tu amigo; después de lo de anoche no sé si será cierto que realmente se tarda tres horas en llegar a tu casa desde el centro, quizás tú vas dando vueltas por toda la ciudad y por eso tardas tanto. Lo más importante: "¡Espero que se nos cure pronto la conjuntivitis!"

2 comentarios:

  1. Y el texto debería de acabar con una referencia al cuento de Cortázar sobre los túneles del subte bonaerense (gracias George por tu amplio conocimiento de la literatura rioplatense).

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ese no me lo he leìdo :( En casa está el libro de cuentos, cuando lo localices, envíame el título y a ver si lo encuentro...

      Si fuese capaz de relacionar y hacer alusiones a libros sería la leche, pero no soy tan buena, esto sólo es un diario...

      Eliminar