Es el
primer día que salgo a la calle. Ya llevo por aquí un par de días, pero aparte
de ir al súper no he salido de casa ni para darme una vuelta por el barrio. Me
dispongo a ir a unas jornadas sobre Oportunidades Laborales. Voy sozinha, con poco más de metro y medio de
estatura por las peligrosas y abarrotadísimas calles de la ciudad. Me
voy chocando cada dos por tres. Muevo la cabeza en todas las direcciones como
si me fuesen a atracar en cualquier momento. (¿Y cómo sé cuando llego al
edificio donde se celebran las jornadas?) Pregunto “¿Você poderiame dicir donde
é que fica…?” (maldito portuñol no me entienden). Consigo llegar, al fin.
La
fundación que organiza las charlas, que es española, ha instaurado la costumbre
de juntarse una vez por semana para tomar unas cañas. En esta ocasión coinciden
justo después del evento. Es una iniciativa fantástica, pero la parte mala es que sólo se juntan españoles y no es útil para practicar portugués. Asalto a unas chicas ya que no sé dónde es el local. Me preguntan cuánto
tiempo llevo aquí. Les digo que llevo un par de días. Se exaltan cuando les
cuento que he llegado andando al evento. Me comentan que no debo andar sola de
noche por la calle (Son las putas siete de la tarde, noche, noche…).
Al llegar
al bar, me dan una tarjeta… (¿Y qué hago yo con la tarjeta?). Les pregunto a los
dos primeros tíos que veo, que resultan ser gallegos también (¡Qué alegría!; A
partir de ahora a estos dos les llamaré los playboys, ya os daréis cuenta de
por qué).
Yo: ¿Cómo
se hace para pedir una caña aquí?
Playboys:
No te preocupes, déjanos la tarjeta que nosotros te la pedimos (Con aires de “tranquila
muñeca”). En la tarjeta te irán anotando todo lo que consumes y pagas al final,
antes de irte. ¿Qué haces aquí en SP? ¿Cuánto tiempo llevas?
Yo: Pues
llevo un par de días, estoy buscando trabajo. ¿Y vosotros?
Playboys:
¡Sólo dos días! Nosotros somos directores financieros (Muy orgullosos ellos).
Nuestra empresa nos paga la casa y todos los viajes a España (Guaaaauuu,
chicos. ¡Qué pasada!). Deberías buscar trabajo en una empresa española y
venirte como expatriada, sería lo mejor (Sí, ahora, ¿no? Un pelín tarde…)
Me
enseñan fotos en el móvil de inundaciones de la ciudad (impresionantes) que
provocan atascos de más de una hora en menos de un kilómetro (¡Menudos ánimos!).
Hablamos de lo carísima que es la ciudad y me cuentan que en las afueras es todo
mucho más barato, pero mucho más peligroso también.
Playboys:
No te preocupes nosotros vamos a cuidar de ti (Gracias chicos, no sé qué haría
sin vosotros). ¿Tienes novio en España?
Yo: Sí,
se vendrá en unos meses para aquí.
Playboys:
Sí, claro, en unos meses… ja ja (Parecen no creérselo, no entiendo el por qué).
Pues aquí vas a ligar mogollón (Guau,
qué ilusión me hace, no sé qué haría sin ligar mogollón). A nosotros, por
ejemplo, las chicas no paran de pedirnos el teléfono (Creo yo que estos dos
nunca se vieron en una parecida).
Yo:
Bueno, yo he venido a buscar trabajo no a ligar…
Playboys:
Pues es muy difícil conseguir trabajo aquí con visado de turista (Pues nada,
tendré que dedicarme a ligar, entonces). Las empresas brasileiras son reacias a
contratar extranjeros y hacer todos los trámites para el visado (¡Gracias de
nuevo por los ánimos, chicos!).
Cuando
llevo un tiempo hablando con ellos se me acerca una chica extremeña. La había conocido
justo al salir de las charlas y parece maja. Viene para darme su teléfono y que
sigamos en contacto. Me quedo hablando con ella. Lleva aquí dos semanas y tiene
un novio brasileiro. Me comenta que ella ha estado sola viviendo en otros
países y me anticipa lo duro que va a ser (Otra que me da ánimos). Cuando llevamos
un tiempo hablando llega su maromo y me lo presenta. El tío me soba que flipas
(Aquí son así, te acaban de conocer y te dan un abrazo que ni mis mejores
amigos). Están también con un gaditano (¡Qué pasa pisha!) que va a montar una empresa con el novio
de la chica. Este también acaba de llegar. Parece fácil conocer gente en este tipo de eventos.
Cuando nos
vamos se ofrecen a llevarme en coche a casa (Pues no les voy a decir que no).
Nos vamos hacia el parking charlando el gaditano y yo. Cuando estamos esperando
a que salgan con el coche se nos acerca un indigente para pedirnos pasta. Nos
miramos con cara de “¡Diooooossss, nuestro primer atracooooo!” Nos alejamos un
poco y se acaba yendo a pedirles dinero a otros (Menos mal, primer día en SP
superado).
No hay comentarios:
Publicar un comentario